Re-escribiendo "El Zarco"
Como parte de un proyecto para la evaluación final de la asignatura de Literatura Mexicana 5(S XIX)de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, el equipo Eros-Mayahuel reescribe "El Zarco" de Ignacio Manuel Altamirano con una propuesta de actualización de ambiente y personajes en relación con el clima de inseguridad y crimen que se vive actualmente en el país.
martes, 13 de diciembre de 2011
Para entender mejor
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Cherán, Michoacán.- En la Meseta Purépecha hay un lugar que es sinónimo de rebeldía y de resistencia histórica; un sitio en donde a la existencia de un pino se le da el mismo valor que el de la vida humana, y en donde los habitantes se levantan como la milpa. Su nombre es Cherán. Este municipio indígena en donde todavía se escuchan los pasos del general revolucionario Casimiro Leco López, quien se caracterizó por defender el bosque y oponerse al sanguinario Inés Chávez y donde aún vive el recuerdo del profesor Federico Hernández Tapia, quien encabezó a principios del siglo XX la oposición en contra de las empresas extranjeras que pretendían explotar los montes, continúa enfrascado en la batalla de defender sus recursos naturales. Con esos hombres como estandartes es fácil explicarse porque a casi 90 días de que los habitantes levantaron barricadas para no dejar entrar la comunidad a los talamontes y grupos armados e impedir sacar madera de sus montes, la resistencia se ha asentado en ese lugar con tanta persistencia como el agua de lluvia. Sin embargo ni los aguaceros ni el transcurrir del tiempo han logrado borrar las lágrimas de las viudas y los huérfanos, diluir el enojo ante el paso impune de camiones cargados con troncos centenarios, ni lavar la sangre que durante poco más de dos meses se ha derramado en este capítulo por defender los recursos naturales. Del 2008 a la fecha, Cherán ha estado convulsionado por las movilizaciones. Primero el pueblo se rebeló en contra del gobierno municipal, que encabeza actualmente, casi simbólicamente, el priísta Roberto Bautista Chapina, lo que se tradujo en los asesinatos no esclarecidos de Jorge Romero Mateo, el estudiante Mariano Ramos Tapia y del ex tesorero y ex presidente municipal Leopoldo Juárez Urbina. En este año, la batalla que emprendieron los cheranenses tuvo que ver con el principal objeto de rapiña, los bosques de la comunidad, que desde hace tres años a la fecha sufrieron un embate nunca visto por parte de los taladores clandestinos, quienes según las denuncias de la gente phoré se aliaron con grupos armados que además se dedicaron al secuestro, la extorsión y el cobro por derecho de piso. La guerra por el monte Este nuevo capítulo de la lucha por la defensa del bosque comenzó el viernes 15 de abril, cuando camiones cargados de madera con hombres armados a bordo se introdujeron en la cabecera municipal, donde se suscitó un enfrentamiento a tiros y un comunero resultó herido. En esa batalla los cheranenses capturaron a cinco presuntos talamontes originarios de Capacuaro, quienes fueron retenidos. Mientras tanto personas de Capacuaro comenzaron a instalar retenes sobre la carretera Uruapan-Carapan para detectar a personas originarias de Cherán a fin de privarlas de su libertad y forzar así la liberación de los presuntos delincuentes. Los de Capacuaro secuestraron vehículos oficiales y privados y también detuvieron camiones cargados con madera clandestina. Esto último supuestamente para demostrar que a pesar de su fama no sólo ellos se dedican a la tala ilegal. Desde ese día la gente de Cherán se atrincheró en la cabecera municipal y comenzó a instalar cientos de barricadas en ese lugar para evitar que los de Capacuaro que habían sido retenidos fuesen a ser rescatados. También se apoderó de autobuses de pasajeros y de camionetas oficiales y privadas. A partir de esa fecha comenzó un estira y afloja entre ambas comunidades y una lluvia de promesas por parte de los gobiernos del estado y federal, en el sentido de comisionar elementos para la vigilancia. La tensión crecía y los cheranenses demandaban la presencia del Ejército Mexicano, pero se negaban a liberar a los rehenes, pues señalaron que había comuneros de Cherán retenidos por sus contrarios de Capacuaro. Casi una semana después de que estalló el conflicto, comenzó a liberarse la presión, ya que inició el proceso para la liberación de rehenes y las autoridades comunales de Capacuaro entregaron en la Presidencia Municipal de Uruapan a cuatro personas de Cherán, entre ellas a un niño. Los adultos retenidos en Capacuaro fueron Ramiro Enríquez Mendoza, Otilio Campanur Tomás, Salvador Macías Guardia y el menor Osiel Salvador Macías. Sin embargo pasaron dos días antes de que los cheranenses liberasen a los capacuarenses Jesús Tapia Chávez, Francisco Ángel Constanzo y los hermanos Marcelino, Artemio y Domingo Margarito Ramírez, quienes finalmente fueron llevados a Morelia, donde estuvieron hospitalizados, fueron dados de alta el lunes 25 de abril y finalmente regresados a su comunidad de origen, sin que se les fincase cargo alguno. Bosque rojo A pesar de que de acuerdo a fuentes oficiales, el miércoles 27 de ese mes iniciaron los operativos de vigilancia estatales y federales para resguardar a la población de Cherán, habitantes del lugar confirmaron que durante esa mañana, ingresaron al bosque comunal talamontes, que habrían hecho fuego en contra de cheranenses, dejando un saldo de dos personas muertas y cinco heridas de gravedad. Se logró saber que los presuntos rapamontes ingresaron al monte, donde se habrían enfrentado con gente de Cherán. Esto ocurrió a menos de quince días de que se registró el primer enfrentamiento entre cheranenses y presuntos talamontes de Capacuaro. Los fallecidos fueron el hermano del ex alcalde, Leopoldo Juárez, Pedro Juárez Urbina y Armando Hernández Estrada, quienes días después fueron velados en la plaza principal. En respuesta, la población afectada blindó de nueva cuenta la cabecera de este municipio indígena. Ese mismo día ya estaban en sus hogares reponiéndose de sus heridas los cinco comuneros capacuarenses, que fueron retenidos durante ocho días, acusados de ser talamontes, en la cabecera municipal de Cherán, informó el representante de Bienes Comunales de Capacuaro, Ramiro Morales Constanzo. El entrevistado precisó que Francisco Ángel Constanzo, Jesús Tapia Chávez y los hermanos Marcelino, Artemio y Domingo Margarito Ramírez no estaban libres bajo fianza, ya que no están siendo sujetos de un proceso penal, como se creyó al principio, luego de que fueron retenidos en Cherán, acusados por la población de haber sido encontrados en flagrancia, mientras tumbaban pinos. Narcobloqueo purépecha La situación se empantanó hasta el 11 de mayo siguiente, cuando comenzó un presunto narcobloqueo en Capacuaro, pero la comunidad se deslindó del mismo y pidió al gobierno del estado que garantizara la seguridad de los pobladores que no participaron en los ilícitos, pues temían por su integridad física. De acuerdo a los testimonios recabados, personas que se dedican a la tala ilegal y que sí son originarios de Capacuaro, se presentaron en compañía de personas ajenas a la comunidad para pedir el apoyo de las autoridades comunales y civiles de esta población a fin de organizar el bloqueo carretero que duró tres días y con el cual demandaban que la Policía Federal saliera de la zona. El apoyo les fue negado porque para participar se tenía que llegar a un acuerdo de asamblea, pero de todos modos las personas conocidas como troceros, por su actividad de corte furtivo de madera, optaron por bloquear la carretera Uruapan-Los Reyes. La resistencia en Cherán Desde el pasado 15 de abril a la fecha, los cheranenses se han manifestado bloqueando la autopista Uruapan-Morelia, marchando en la capital del estado, manteniéndose activos a través de las redes sociales y blogs y organizándose en una especie de gobierno paralelo. A la vez han estado recibiendo el apoyo moral y hasta económico de organizaciones sociales y activistas de diversos países, incluyendo las agrupaciones que se han integrado en la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad, que el pasado domingo 26 arribó a la plaza principal de Cherán. Han tenido reuniones con el gobierno del estado y hasta se reunieron con Felipe Calderón, pero ni la actividad de los rapamontes cesa ni se ha recuperado la vida cotidiana en la comunidad, que es además la cabecera municipal, ni mucho menos se han esclarecido los crímenes o detenido a los responsables de la tumba de pinos. Sin embargo, como lo manifestaron cientos de personas ese domingo 26 en la mencionada plaza, ante integrantes de la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad: “Cherán vive; la lucha sigue”. |
Justifiacación.
Un año antes de las elecciones presidenciales que se vislumbran como las más violentas en la historia del México pos revolucionario, es prudente cuestionarse los ideales del progreso y de modernidad. Para millones de mexicanos, ha sido doloroso encontrarse frente a un Estado poco democrático, represor e injusto, que se vendió como gobierno de transición y por lo tanto, de aspiraciones diferentes. La educación, el otro eje del avance social, ha sufrido un proceso de privatización y no existe una certidumbre hacia el futuro. Los trabajos, son cada día peor pagados y la seguridad social, ha dejado de ser prioridad para empleadores y gobiernos, eso, sólo por mencionar algunas de las calamidades que atacan al país.
En ese escenario, no resulta sorprendente que para millones de mexicanos la solución no se encuentre en el Estado, a quien asumen como débil y poco representativo. Ahora bien, es imprescindible mencionar, que este fenómeno no es propio del país: el mundo entero se encuentra sumido en una crisis iniciada por las especulaciones de Wall Street en el año 2008, y que se ha sostenido con una expansión artificial del crédito1, cuyas consecuencias se hacen evidentes en países como España, Grecia o Portugal.
Inmersos en un sistema mundo de economía global, cada una de las acciones que afectan a cualquier país, se ve reflejada en los otros, y más aún si son países del sur (Sousa de Santos, 2009), países que con materia prima sostienen las economías extranjeras.
El caso de México es muy particular, bajo la lógica del dinero rápido y los negocios audaces, que es el espíritu del neoliberalismo, el país se ha convertido en un paraíso para fraudes financieros a gran escala como el Fobaproa2 y, grandes industrias, entre ellas las criminales.
En el país, el “achicamiento” del Estado frente a grandes capitales financieros, no sólo ha permitido la privatización de empresas estatales, también ha contribuido al nacimiento y fortalecimiento de cacicazgos, de dominios y de negocios regionales, que en un corto periodo de tiempo, se convierten en poderes fácticos y están al margen del control gubernamental.
La aplicación de políticas neoliberales en el campo, ha obligado a muchos campesinos a competir en un mercado internacional en donde sus productos no son competitivos, así, millares de campesinos han abandonado sus campos y tierras de cultivo.
En México en 2008, según el Tribunal Superior Agrario el 26.7% de la tierra cultivable en el país era usada por narcotraficantes para siembra y cosecha, es decir, dos de cada diez hectáreas agrícolas laborales estaban bajo en control del narco. (Fisgón, 2011)
Justo ahí radica la importancia de la presente novela, en recuperar de alguna forma el debate que se ha venido dando sobre la forma en que el narcotraficante ha sido representado socialmente, sus aportaciones, su cultura, sus actitudes, sus actividades y las consecuencias que traen para el ciudadano común3.
Si bien es cierto que el tratamiento de héroe que se daba al narcotraficante, todavía en la década de los noventa, cada vez está más alejado del imaginario colectivo, también lo es, que sobre la base de un personaje holgazán y vicioso, pocas virtudes se podrían imputar.
Si bien es cierto que el tratamiento de héroe que se daba al narcotraficante, todavía en la década de los noventa, cada vez está más alejado del imaginario colectivo, también lo es, que sobre la base de un personaje holgazán y vicioso, pocas virtudes se podrían imputar.
En ese sentido, la historiografía apuntaría más por un héroe tipo Robin Hood que por un Narco. ¿Cuáles son entonces las características de un narcotraficante venido a héroe? Para el equipo Eros-Mayahuel, las mismas que se le podían imputar a los bandidos de la segunda mitad del XIX: personajes que junto con sus cómplices, entre los que se pueden contar políticos y religiosos, se vuelven millonarios soslayando los escenarios de abandono en los que estaban condenados a vivir, evadiendo a las leyes y perdiendo cualquier vínculo social que no sea el de su propio círculo.
Al igual que en “El Zarco” de Ignacio Manuel Altamirano, a la que esta novela hace clara referencia. El Narco, el personaje principal y que da nombre al texto, está rodeado de bandidos y nada le es negado. Los paralelismos que podemos encontrar entre los personajes no son ocultos y resultaría casi ocioso enumerarlos.
Por el contrario, es imprescindible hacer una diferenciación clara entre los personajes de la novela de Altamirano, y la de Eros-Mayahuel. Si bien el proyecto de Altamirano expresado en “El Zarco” apunta a defender y fortalecer a la patria haciendo, entre otras cosas, que sea el trabajo honrado el mejor posicionado y el de mejores resultados. La novela que hace el equipo Eros-Mayahuel, pretende por el contrario, evidenciar los grandes fallos de los modelos económicos, políticos y sociales. Pone en entredicho, por ejemplo, las políticas de seguridad lanzadas desde el ejecutivo, que desde su perspectiva, han servido sólo para otorgar algún margen de seguridad a grupos hegemónicos soslayando a la población en general.
El pretendido rapto de Marcela, es el pretexto idóneo para que los lectores conozcamos, según la novela, la incapacidad y el poco compromiso que los militares tienen hacia la población. En dicha escena, el castrense esgrime no poder cumplir su trabajo de buscar a Marcela, pues “debemos custodiar a uno de los muchos empresarios que tienen amistad con el señor presidente, si hay contradicciones, yo no sé. Nosotros sólo cumplimos órdenes” (eros-mayahuel, 2011)
Es muy importante mencionar, que la novela no debe ser leída como continuación de la prensa cotidiana, no se trata de que el lector encuentre en ella algo que podría localizar en cualquier periódico, es cierto, que en El Narco desde un acercamiento detallado, se pueden encontrar acontecimientos históricos comprobables que modificaron la forma en que se asumía el papel del Estado Mexicano, y del denominado crimen organizado. Sin embargo, la intención de la pequeña novela, es apelar a la memoria, y poner de manifiesto los fallos en las estrategias de guerra e incluso, busca narrar el terror que viven los ciudadanos inmersos en esa dinámica.
En El Narco, el lector es recorrido por el recuerdo de las atrocidades del 15 de Septiembre de 2008, la detonación de dos granadas de fragmentación que trajeron muerte, y que evidenciaron que estábamos enfrascados en una guerra sin tregua con un enemigo no definido. Muchos de los represores en los años de la guerra sucia, correspondiente a los gobiernos de Luis Echeverría y López Portillo (1970-1982), fueron reclutados por el gobierno para terminar con las guerrillas, estos mismos personajes fundaron luego bandas criminales: Alfredo Ríos Galeana, Daniel Arizmendi, Miguel Ángel Félix Gallardo entre otros (Fisgón, 2011) ¿cómo es posible que los sicarios empezaran su carrera como agentes del orden?
Si partimos de un escenario en el que la corrupción es terreno para fraudes y saqueos al erario, podremos comprender cómo el crimen organizado capitaliza las faltas en el sistema de gobierno.
Desde niño, el Narco había tenido una vida llena de tormentos y desdichas; mientras prendía un cigarrillo comenzó a pensar acerca de este período de juventud primera. Sus padres, ambos maestros rurales en Santa Clara del Cobre, procuraron a toda costa que su hijo se hiciera un hombre de bien y, con el tiempo, podrían esforzarse para mandarlo a la capital. (eros-mayahuel, 2011)
El Narco propone además categorías de análisis, retoma algunos de los elementos propuestos por las agencias internacionales para comprender el fenómeno del narcotráfico en México y los traspola a otras realidades. El Triángulo Dorado del Sur, es la respuesta al Triangulo Dorado4, de esa manera, que la historia se desarrolle en lugares diferentes a los que tradicionalmente se desarrollan las historias sobre narcotraficantes, arroja luz sobre la forma en que Eros-Mayahuel asume al país, en esta dinámica, no es el norte agreste el lugar más peligroso del país, también lo es el sur. Si el Triangulo Dorado voltea para Estados Unidos, el Triangulo Dorado del Sur mira para Guatemala, El Salvador e incluso Colombia. ¿Quién está a salvo en un país dominado por doce cárteles?
Si en Altamirano la forma de resolver es el trabajo honrado, en El Narco, el trabajo honrado, no sólo es poco remunerado, es considerado por el común de la población como ignominioso, “No, nunca –agregó Marcela indignadísima– jamás me casaré con un indio pescador, pobre y enfadoso. Ni siquiera lo soporto cuando viene de visita” (Eros-mayahuel, 2011). Para Eros-Mayahuel, la solución está en otras formas, no en voltear a las autoridades. Según la novela, la resistencia popular combinada con la unidad civil, y la convocatoria cada día más amplia de movimientos sociales articulados y más organizados, son respuestas mejores. Eros-Mayahuel, no cree en individuos, no deposita su destino en autoridades. Cree en grupos de sujetos organizados que tienen la fuerza suficiente para exigir justicia, considera que las políticas de aislamiento del tipo “cada quién con su pantalla” son inoperantes, pues sólo reciben un mensaje estándar que no choca con preconceptos del público. Eros-Mayahuel cree además que la ambición por el lujo, lejos de ser un valor fundamental, tal y como se maneja en las sociedades modernas, es un funesto resultado.
1Consúltese la Teoría austríaca del ciclo económico.2Fondo Bancario de Protección al Ahorro. Fondo de contingencia creado en 1990 por el gobierno mexicano para enfrentar posibles problemas financieros extraordinarios, inscrito en la dinámica del Tratado de Libre Comercio y bajo la supervisión del FMI. (Salcido, 2010)
3Consúltese bibliografía. Hobsbawn, Joseph y Slatta.
4Región formada por los estados de Durango, Chihuahua y Sinaloa. Que es conocido entre otras cosas, por ser el lugar con la mayor superficie de cultivo de marihuana y amapola. (Torreón, 2007) y por no permitir ningún tipo de incursión de las fuerzas federales.
Altamirano y el Romanticismo Mexicano
Es imposible reelaborar una novela de Ignacio Manuel Altamirano sin conocer las características de su narrativa. Así como no es posible comprender éstas sin enmarcarlas en su corriente literaria, a saber, el romanticismo mexicano.
Es de esta manera en que la narrativa de Altamirano forma parte de su proyecto de nación, en este breve apunte se mencionará en qué consistía éste.
“No hubo uno sino varios romanticismos, acordes con las circunstancias específicas de cada país”. (de Paz citado por Illades 13) En México, el desarrollo del romanticismo coincide con dos círculos literarios: el de la Academia de Letrán y el del Liceo Hidalgo. El círculo de San Juan de Letrán fue formado por Manuel Tossiat Ferrer, José María y Juan Nepomuceno Lacunza, y Guillermo Prieto. A partir de 1836 este colegio abrió sus puertas a poetas, científicos y periodistas, todos compartían el gusto por escribir y por la charla amena y culta. Poco a poco se fueron sumando a él eminentes personalidades de la cultura en México, como Andrés Quintana Roo (quien fue nombrado presidente perpetuo de la Academia de Letrán), Manuel Carpio, José Joaquín Pesado, Ignacio Rodríguez Galván, Ignacio Ramírez y José María Lafragua. (Illades 54) Estos escritores manifestaron una decidida tendencia a mexicanizar la literatura, en sus obras ya se manejan temas propios de la historia de México, tanto de la época prehispánica como de la colonia. Asimismo, en sus obras, ya existe un afán por retratar cuadros de costumbres y personajes tipo de nuestro país. De igual forma, se comienza a resaltar la belleza del paisaje mexicano. En este círculo encontramos dos tendencias políticas: los conservadores y los liberales, los primeros querían mantener la tradición; mientras que los segundos pugnaban por renovarla. Los escritores que militaron en el partido conservador fueron clásicos. Del mismo modo, la mayoría de los militantes del partido liberal fueron románticos. La academia de Letrán dejó de celebrar sus juntas semanales en 1856, poco antes del inicio de la Guerra de Reforma. México atravesaría otra vez un periodo bélico que no se calmaría sino hasta 1867, a partir de este año se iniciaría una segunda generación de escritores románticos encabezada por Ignacio Manuel Altamirano. El Liceo Hidalgo fue el sucesor de la Academia de Letrán. En sus inicios, en 1849, fue presidido por Francisco Granados Maldonado. Posteriormente, en 1951, Francisco Zarco tomaría la guía de este círculo, más adelante lo haría Altamirano. Entre sus miembros más destacados se encuentran: Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, José María Roa Bárcena, José Tomás de Cuéllar, Francisco González Bocanegra, Vicente Riva Palacio, José Martí, Francisco Sosa, Justo Sierra, Manuel Acuña e Ignacio Manuel Altamirano. (Illades 60-61)
En el Liceo Hidalgo se desarrolla la segunda generación del romanticismo, teniendo como guía y como máximo exponente a Ignacio Manuel Altamirano. Éste logra conciliar las dos tendencias políticas de la época: los liberales y los conservadores se adhieren al proyecto de nación de Altamirano y se funde en una corriente literaria el clasicismo y el romanticismo. Así pues, es Altamirano, el hombre de armas1 y letras, quien convoca a los intelectuales mexicanos para promover y construir junto con ellos el programa de nación. México “agotado por luchas fratricidas sólo podía fortalecerse y engrandecerse con el retorno a la propia esencia y a su pasado más noble”. (Carballo 18) En efecto, este proyecto buscaba que, por medio de la literatura, se creara en el pueblo una conciencia cívica, encaminada a valorar las tradiciones propias, a reconocer a los héroes de la patria y a sus detractores.
En este programa de nación la novela tiene un lugar fundamental, en tanto que “ocupa ya un lugar respetable en la literatura”, “difunde el amor a lo bello, el entusiasmo por las artes, y aun sustituye ventajosamente a la tribuna para predicar el amor a la patria”. (Carballo 20) Asimismo, la novela constituye un vínculo entre los intelectuales y la masa. A su vez, la novela es propicia para formar moralmente al hombre, así se observa en las novelas de Altamirano, con claridad se distingue el personaje que simboliza la virtud y el que simboliza la degradación. Así las cosas, encontramos que para Ignacio Manuel Altamirano, la literatura no tiene un valor per se, sino que éste se supedita a sus cualidades políticas, morales y pedagógicas. No obstante, sus novelas tienen un valor estético (se valen de recursos estéticos). En efecto, la narrativa de Altamirano se caracteriza por ser pulcra, llana, fluida, esmerada y elegante. Este autor sentía “una gran repugnancia hacia el adorno verbal exagerado, los juegos atormentados de la perífrasis, la intención sobrecargada en la metáfora”. (Acevedo citado por Carballo 17) Otro elemento loable de la narrativa de Altamirano es la cabal cohesión de la historia. Todos los episodios se enlazan de manera armónica. No hay capítulos que sobren, no hay pasajes que se puedan extraer sin perjudicar la trama o la estética del texto. Cabe destacar también, la admirable forma en que Altamirano concatena un capítulo con otro, porque gracias a esto sus novelas envuelven al lector, lo mantienen emocionado, interesado. Parece muy sencilla la forma en que Altamirano nos cuenta una historia: ubica al lector en el espacio y en el periodo histórico, presenta por separado a los personajes principales y después los relaciona, a partir de estos vínculos se desatan los conflictos. No obstante, al establecer lazos de unión entre los personajes genera una serie de expectativas que mantienen al lector completamente sumergido en la obra. A su vez, dado que sus novelas están cabalmente cohesionadas, éstas propician que el lector lleve a cabo el proceso de anticipación, es decir, que prevea lo que va a ocurrir y formulé una hipótesis. De igual forma, el lector mediante el proceso de retrospección, logra satisfacer sus expectativas. (Wolfang 222-223) Vemos, pues, que es plausible realizar un estudio de las novelas de Altamirano, utilizando la teoría de la recepción2.
En lo que respecta a la ubicación geográfica podemos decir que “introduce Altamirano un elemento hasta entonces inédito en nuestra novela: la perspectiva”. (Acevedo en Altamirano XIII) En efecto, el autor está interesado en ensalzar la belleza del territorio mexicano, y de forma artística representa su geografía que resulta sumamente atractiva porque está llena de color y muestra la abundancia de la flora mexicana.
Todos los aspectos mencionados anteriormente sobre la narrativa de Ignacio Manuel Altamirano han sido tomados en cuenta para la elaboración de El Narco.
1Cabe mencionar que Altamirano llego al grado de Coronel y en batallas como la del sitio de Querétaro tuvo incluso una participación destacada. Véase el prólogo de Antonio Acevedo Escobedo en Altamirano, I. M. Aires de México. UNAM, México, 1999.
2En el trinomio autor-texto-lector, la teoría de la recepción se concentra en revisar el papel que desempeña el lector al relacionarse con el texto.
I
MORELIA
Morelia es la capital del estado de Michoacán, el cual ha sido el escenario geográfico de grandes episodios en la historia de nuestro país. Valladolid, antiguo nombre de esta urbe, es la zona más extensa y con mayor densidad poblacional del estado; la tercera de la Región del Bajío.
Para arribar al corazón asalmonado de los purépechas, es necesario desplazarse por el norte, pues es la vía más corta. El paisaje que se observa siempre adquiere la forma grisácea de las marginales zonas conurbadas pero, pasando las industrias de Toluca y las casitas de lámina de Atlacomulco, aquello transforma al viajero en un explorador del bosque templado -aunque seco en invierno-, culminando con la intromisión de la autopista que lleva a Maravatío y después, a Morelia.
Conforme uno se aproxima, la tierra escarpada, que linda con el pavimento del camino, se torna rojiza y apretada; las nubes se abren para dar paso al astro abrasador y el viento repentino acaricia el rostro dulcemente. El valle donde se sitúa nuestro fulgor rosado se envuelve desde el norte hacia el suroeste con la sierra de Otzumatlán. Ésta, a lo lejos, conjuga sus tintes purpúreos cuando cae el sol con el color rosa atenuado de las paredes morelianas.
Esta esplendorosa ciudad, erigida en cantera rosa, alza sus magnánimos monumentos arquitectónicos al norte del estado. Dichos edificios adornan la localidad mostrándose, de día, alegres y vivos gracias a su pintoresca faz, de noche con la iluminación artificial de la Catedral, el Palacio de Gobierno y la Casa de Cultura¬, parecen alumbrados por el carruaje de Faetonte encendiéndose en un amarillento y provocativo resplandor.
Desde principios del siglo pasado, se ha logrado mantener ardiendo el espíritu turístico por los habitantes de la ciudad colonial y su típica piedra rosada destaca, incluso, en las construcciones recientes, ya en el centro, ya en las periferias de la ciudad.
Una de las características principales de Morelia es el trazado de sus calles; éstas rematan, la mayoría de las veces, en pequeñas iglesias adornadas igualmente con la típica cantera virreinal para dar un aspecto de orden, inteligencia y esplendor.
II
EL AMBIENTE
Una madrugada de septiembre, mientras las fiestas conmemorativas de independencia se acaloraban alegremente con gritos y largos tragos de charanda, se detonó una granada de fragmentación que asoló a la población entera.
Entre llantos y gritos (ya de otra índole) los habitantes, que habían salido de sus casas para escuchar una representación de lo que fue el grito de libertad del cura Hidalgo, huyeron despavoridos por las adoquinadas calles del centro, frente a la catedral, en la Plaza Melchor Ocampo. De igual manera sucedió otro estallido de la infernal pólvora en el cruce de la avenida Francisco I. Madero y Andrés Quintana Roo.
El año 2006 fue tormentoso para Morelia, no sólo por sus atentados septembrinos a la población civil, sino por la inseguridad que se vivía en las calles todo el tiempo. Al siguiente día, el percance había pasado mas no el temor. Varios policías y agentes del Ministerio Público se reunieron en el Palacio de Gobierno para esperar órdenes directas del presidente de la República.
A pesar de todo, la gente estaba acostumbrada a este tipo de cosas. Todos los días se viajaba en el transporte público y se escuchaba por el radio al menos cinco noticias de gente desaparecida, muerta o torturada. La violencia llegaba a tal punto, que el gobierno local publicó varios comunicados alertando a la población para tomar medidas preventivas en contra de los criminales; los mandatarios municipales, que llegaban pocas veces a presentarse en las asambleas del Palacio, confirmaban también que el asunto se había salido de control y que se necesitaba recurrir a la población civil. Pero en Morelia, y en todo el Triángulo Dorado del Sur, la gente sabía perfectamente quiénes eran los responsables: los narcotraficantes.
Estos bandidos, hombres de cruel corazón, se dedicaban al comercio ilegal de drogas. Para tal efecto se reunían en cárteles, y uno de éstos controlaba todo el Triángulo Dorado del Sur -que comprende los estados de Michoacán, Guerrero y Veracruz-: Los Dorados.
Los Dorados recibían ese nombre por sus ostentosos atavíos de oro. Las personas conocían bien a estos desalmados y la descripción de uno puede funcionar para todos: estos hombres usan sombreros tejanos y botas de piel de serpiente, hebillas de oro; largas y gruesas cadenas alrededor de sus cuellos regordetes; anillos y relojes también áureos; pantalón de mezclilla o pana; y camisas abiertas casi hasta el ombligo con estampados de colores muy brillantes.
Las organizaciones criminales (cárteles) establecían un punto de reunión seguro para discutir sus negocios y asaltos. Éste era el puerto de Acapulco.
La población había rescatado tres camionetas de la línea estatal de transportes y con ellas se protegían. La protección consistía en organizar rondas nocturnas de vigía y, cuando los Dorados se acercaban a toda velocidad en sus relucientes Hummer, Durango, Escalade o Navigator, las camionetas retrocedían para comunicar con un megáfono del municipio la ubicación certera de los narcotraficantes. Cuando la ronda pasaba, las calles asemejaban desiertos infinitos, o llanuras solitarias. La noche envolvía con tinieblas la ciudad y ésta parecía marchitarse con el paso de las horas y los días. Reinaba, pues, un ambiente de hostilidad y de tristeza en toda la urbe de cantera rosa.
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